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Ciclistas de Salta (Argentina) toman medidas para que se les vean.

La necesidad de bicisendas y los numerosos pedidos no escuchados hicieron surgir la idea de una intervención en la vía pública: “pintar” una porción del asfalto que normalmente está ocupado por autos mal estacionados y que tienen prohibido estacionar sobre esa mano.

Esto deja en evidencia lo “simple” que puede resultar tomar la decisión política de dar por fin una solución a miles de ciclistas que se desplazan por las complicadas y peligrosas calles salteñas. Decisión que no debería ser difícil de tomar ya que está respaldada por una resolución del Concejo Deliberante en el año 2.014 y que tendría que haber sido incluida en el presupuesto para este año. Medida que se anuncia en spots radiales como “concretada”, lo que es una mentira, ya que las bicisendas en Salta NO EXISTEN, más allá de un intento fallido en la Av. Arenales cuya obra se encuentra paralizada desde hace 5 meses y que actualmente no constituye una solución para los ciclistas que se desplazan por ese trayecto.

Las calles elegidas para nuestra intervención, Santiago del Estero y Zuviría, son vías fundamentales de acceso a la zona céntrica, con un tráfico desordenado y complejo. La creación de bicisendas en esta arteria permitirá establecer un orden.

En un país donde la venta de bicicletas se triplicó en la última década y hoy supera la de los autos usados, en Salta pareciera que el gobierno está empecinado en ir a contra mano. Si bien se estima que la cantidad de bicicletas que circulan en el microcentro son 75.000, número que no es para nada despreciable, también hay que resaltar que las motocicletas cobraron protagonismo, adueñándose de las calles, pero sobre todo de las estadísticas, si de mortalidad en accidentes de tránsito se trata.

Desde hace 3 años que ciclistas autoconvocados de la ciudad de Salta, Masa Crítica y asociaciones como Anda la Bici estamos reclamando al Estado tres ítems que nos parecen fundamentales: legislación, educación vial e infraestructura. Son las tres patas de una mesa sobre la que se sostienen muchos beneficios para ciclistas y la sociedad en general. Solo por mencionar algunos: disminución del caos vehicular y accidentes de tránsito, menos contaminación, más salud y por tanto menor gasto en salud pública, economía para los usuarios de la bicicleta, etc.

¿Seremos escuchados algún día? Las promesas que suenan tan marketineras, como lo fue la Revolución Verde, ¿tendrán alguna vez realmente un espacio en la agenda de nuestros gobernantes? ¿A alguien le interesa el ordenamiento vehicular en nuestra ciudad? ¿O al menos la seguridad de los ciclistas que quedan expuestos en nuestras calles? son muchas preguntas y lamentablemente ningún gobierno o candidato pareciera estar dispuesto a responderlas con acciones. Mientras tanto, los ciclistas estamos aquí, de pie por nuestros derechos, expresándonos “pintando” líneas imaginarias, soñando con que la Salta, que fue en algún momento desbordada de bicicletas, todavía es posible.

 

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