De los carriles bici

Imagen de muestraImagen de muestraCarta de un ciclista urbano de Salamanca dirigida al Director del Periódico La Gaceta de Salamanca comentando la situación actual de los carriles bicis de Salamanca.

De los carriles bici

Decido recorrer un domingo por la tarde el escueto entramado salmantino de carril bici para constatar de nuevo la perplejidad y así recuperar los ánimos suficientes para no cesar en mi empeño de seguir reivindicando más protagonismo para la bici en esta ciudad.

Un recorrido más bien corto e inconexo si tenemos en cuenta que de los tres tramos ahora existentes, uno de ellos aparece y desaparece a lo largo del estadio Helmántico y, los otros dos, discurren de rotonda a rotonda e interrumpidamente a lo largo de las márgenes izquierda y derecha del río Tormes.Recorridos que, efectivamente, atraviesan los bellos parajes fluviales tormesinos con sus frondosas y exuberantes riberas e, incluso, permiten cruzar el puente medieval que traslada el carril bici a la ribera contraria.

Sin embargo, si viviera en el Alto del Rollo y quisiera estudiar en el Campus Miguel de Unamuno, o si viviera en el barrio del Oeste y trabajase en el polígono de Los Villares, no podría disfrutar de estos espacios para la bicicleta porque en realidad no llevan a ninguna parte.

Pero quizás sea esta disposición longitudinal y ubicación marginal del carril bici, la que de mejor manera expliqueseguir encontrarse con situaciones como por ejemplo utilizar el timbre para disponer de espacio y recibirpor parte de paseantes desafortunadas respuestas.

Y no me refiero para pasar por la derecha, sino para hacerlo incorporándomeal carril contrario.

Se da el caso otras veces,de tener incluso que detenerse para solicitar amablemente el paso a viandantes detenidos indiferentes en medio del carril o esquivar los ensayos de las bandas de las cofradías que invaden el carril bici. Un deleite musical para ciclistas y paseantes y con menor riesgo para todos si el ensayo es dos metros más a la izquierda. Los sobresaltos repentinos al paso de la bicicleta y consiguientes recriminaciones ¡estas bicicletas, de verdad! o la indiferencia al ring ring del timbre, son otros ejemplos significativos que explican también mi perplejidad.

La lectura que podemos hacer por tanto de todo esto, no sólo de la deficiente red de carriles bici salmantina si la comparamos con otras infraestructuras urbanas similares en la región de Castilla y León, es el poco calado social que la bicicleta tiene en la conciencia urbana salmantina. Si uno se asombra al comprobar la facilidad con que los conductores salmantinos tocan la bocina en cuanto ven una bici circulando por nuestras calles, en los carriles bici se alcanza un grado de hostilidad todavía mayor.

¿Es la bici realmente aún una extraña en la ciudad?

Creo que es urgente que la política de la bicicleta en nuestras ciudades persiga cambios de actitud y, en general, afiance nuevos marcos culturales que permitan introducir de nuevo un protagonista no contaminante, solidario, pequeño y silencioso en la rutina urbana. Y ello no se consigue ni con marginalidad, ni oportunidad, ni “Días sin Coche”. Se consigue apoyando una movilidad respetuosa y sensible con el medio ambiente, que profundice en la consolidación de una sociedad lo suficientemente formada y preparada para aceptar y adaptarse a nuevos modelos y hábitos sobre dos ruedas. Más si cabe en la ciudad de la cultura verdad.

J.J.