Una bicicleta plegable inspirada en un carrito de bebé

El clásico carrito de bebé Maclaren fue toda una inspiración para el diseñador británico Mark Sanders. La forma de cerrarlo le dio la pista para crear, en la década de los 80, su peculiar bici Strida. Más de 20 años después, echa mano de sus bocetos para contarnos las claves de este modelo y de las bicicletas plegables, una modalidad que cree será "la llave para el futuro del transporte personal".

Mark Sanders ©

El diseñador Mark Sanders y sus bocetos de la Strida.

¿Cómo empezó todo? Después de trabajar como ingeniero en Rolls Royce, Mark decidió volver a la Universidad a los 25 años para estudiar un máster de diseño. La bicicleta Strida fue su proyecto final. Mark, que reconoce ser un apasionado de las dos ruedas, tenía que recorrer 25 millas (unos 40 kilómetros) desde su casa hasta la Facultad. Lo intentó subido al sillín, y aunque le encantaba, era mucha la distancia que tenía que hacer cada día.

Fue entonces, cuando se acordó de aquellas bicis plegables de su infancia (feas, pesadas y complejas) y pensó en hacer algo diferente, ligero y fácil de llevar en el tren o en el autobús. Como explica Mark, "en los 80, las bicis en Gran Bretaña sólo eran para los corredores entusiastas o para la gente que no podía permitirse comprar un coche, y yo quería crear algo nuevo que no tuviera este tipo de connotaciones, que me divirtiera y me resultara útil a la hora de moverme por la ciudad".

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Este británico, que tardó nueve meses en diseñar la Strida, nos cuenta las características más importantes de su bicicleta:

1. Facilidad de uso y portabilidad: La bici tiene que ser cómoda y fácil de manejar cuando está en movimiento, pero también cuando está plegada. Mark estudió muy bien las medidas de la bici en sus bocetos para que la posición de quien fuera montado en ella fuera lo más cómoda posible. "Me fijé en las bicis de Ámsterdam para diseñar un vehículo en el que el ciclista mantuviera la espalda erguida, con los pies levemente hacia delante, y evitar la postura agachada (como van los profesionales)", cuenta. Cuando la bici se pliega, las ruedas siguen siendo operativas, de forma que se puede transportar como si fuera una maleta con ruedas o un carrito de la compra. Además, Mark apostó por la sencillez en el mecanismo de pliegue (ver demo): "es similar a un paraguas con ruedas".

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2. Peso y tamaño: Para este británico, una bici plegable debe ser sobre todo ligera para poder llevarla a cualquier parte. Por eso, Mark decidió fabricarla con aleación de aluminio para que apenas pesara los diez kilos. "A pesar de su ligereza, la bici es muy resistente (puede soportar hasta 100 kilos) y segura", cuenta este diseñador, que está convencido de que "las plegables son la llave para el futuro del transporte personal". El tamaño de las ruedas

también es importante en una bici plegable: cuanto más pequeña es la rueda, más fácil es doblar la bici.

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3. La apariencia: Mark pensó en diseñar una bici atractiva, que no sólo llamara la atención de los diseñadores industriales u otros entusiastas, sino del público en general, de la gente que realmente necesita utilizarla. Por eso, "el cuadro en forma de triángulo es uno de los distintivos de esta bici, le da un aspecto diferente, original y moderno".

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4. El precio: La bici debería ser barata para que todo el mundo pueda permitirse comprar una. Para Mark, este punto, junto al de diseñar una bici ligera, son los retos más difíciles con los que se ha encontrado. "Lo más fácil es hacer cosas caras y pesadas", opina este diseñador. El precio de la primera Strida que salió a la venta en 1987 era de unas 100 libras. Hoy, según el modelo, puede costar entre 300 y 500 euros.

5. Limpieza y fácil mantenimiento: La bici no debe estar sucia de aceite o grasa para poder llevarla a todas partes, por ejemplo, entrar con ella a un restaurante. Para Mark, "una bicicleta debe mantenerse tan fácilmente como cualquier otro producto".

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Este británico, que hoy tiene 50 años y vive junto a su esposa y dos hijos adolescentes en Windsor (cerca de Londres), sigue diseñando en su casa diferentes tipos de bicis. "Es lo que más me gusta, tengo hasta 30 prototipos y algunos modelos muy interesantes", cuenta. Sin embargo, esto no le permite pagar todas las facturas y diseña todo tipo de productos, especialmente de cocina y para equipamiento médico. Mark también nos cuenta orgulloso que tiene un Lotus Elan de 36 años en su garaje, y que el año pasado consiguió que un Smart funcionara sólo con la energía de las baterías.