20.000 km de bicicleta solidaria

TiTiRiBiCi es más que un viaje; es el reto de Pablo Olías, que ya lleva siete meses de gira. Viaja hasta los lugares más recónditos de Sudamérica acompañado de sus sus títeres y su bicicleta.

Pegolete, Numa, Stavizky o Mojama Grandi están de gira. Llevan siete meses recorriendo Sudamérica y regalando sonrisas. Y lo hacen en un particular carro-escenario del que tira la bicicleta de Pablo Olías, un arquitecto de Sevilla que emprendió la emocionante aventura de llevar sus títeres a niños sudamericanos de los lugares más recónditos del continente. Cuando termine su viaje, habrá recorrido casi 20.000 kilómetros pedaleando. «TiTiRiBiCi es llegar a los lugares más remotos para poner la magia de las marionetas al alcance de todos». Cuando Pablo, todo corazón, escribió esa frase en su web antes de partir, «no pensé ni en broma que terminaría siendo tan consecuente con las máximas con las que presentaba mi proyecto».

Brasil, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Argentina y Uruguay. Pablo lleva en camino desde el pasado febrero. Ahora está en la segunda escala. La Gran Sabana y los andes venezolanos son sus últimas conquistas. TiTiRiBiCi será el culmen de muchos años de trabajo y experiencia. Pablo decidió aparcar el mundo de la arquitectura y dedicarse en cuerpo, y sobre todo en alma, a llevar su espectáculo a niños y familias de otros lugares. El noreste de España, Francia, Holanda, Bélgica, Alemania o Suiza han conocido desde finales de los 90 la generosidad de él y sus títeres.

Pablo diseña y construye sus propias marionetas. Lleva 16 años haciéndolo. Horas y horas para dar vida a lo que fueron trozos de madera, horas y horas de ensayo y de crear historias que hagan reír. Ha participado en la veterana Feria Internacional del Títere de Sevilla y en la zona de la Alameda conocen bien las andanzas de Pegolete, Numa o Stavizky, que trabajan mucho y gratis contando sus historias a los niños del mundo.

«La bici para mi es un vehículo», explica desde Venezuela. «Pero no solo un vehículo para transportarme de la forma más sostenible y maravillosa del mundo, sino un vehículo para acercarme a la gente, para sentirme libre, para superar retos que me llenan de euforia y alegría, para descubrir que con muy pocas cosas materiales (las justas que caben en mis alforjas) se puede ser muy feliz».

«Si viajar es un aprendizaje continuo, más aún lo es si se hace sobre una bicicleta. Es sin duda uno de los mejores inventos de la historia. Si no, que alguien me diga que otro'»artefacto’ ha evolucionado tan poquísimo en tantos años. La bicicleta es sencillamente perfecta en todos los aspectos de su concepción»

No siempre son todo sonrisas. Cumplimiento de visados, caminos infranqueables, circunstancias climatológicas adversas, una vieja lesión de rodilla…

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